Constituyen el Casino de Palencia 49 socios, el primer día de marzo de 1862, pero no aquí, sino en la calle de San Juan. Recalaría en ésta, llamada "Casa del Ayuntamiento", poco más tarde, por las vísperas de San Antolín del mismo año. Fue cedido el inmueble en 12.000 reales y para nueve años. Eufóricos los directivos con el nuevo domicilio en los "Cuatro Cantones", en diciembre ya lo compraron por 460.000 reales, un fortunón, aportando 80.000 más para adquirir la casa contigua. Nacía como círculo de recreo selecto y cultural, frente a otros centros de diversión más plurales y abiertos, incluso gremiales.

Y era apolítico. Lo mismo tuvo como presidente a Valentín Calderón, prócer conservador entre los conservadores, que a Cirilo Tejerina, republicano radical, ambos alcaldes de la ciudad de Palencia. El Casino fue "la cantera local" de concejales y de regidores del municipio.

En la época fundacional se abrían en sus bajos, por la calle Don Sancho, el "Café Imperial" y en los soportales, "El Suizo", adonde fueron a parar los espejos del Casino cuando, inaugurada la instalación de luz eléctrica, el 8 de diciembre de 1891, se acometió la gran reforma que hizo posible el espléndido salón actual.

Famosas fueron "las reuniones de confianza" y los conciertos, sin olvidar los bailes que en pocas horas se montaban cuando visitaba la ciudad alguna promoción de universitarios en viaje de estudios, de cadetes de la Academia de Caballería de Valladolid o simplemente de alguna tuna estudiantil.

Pocas "atalayas" tan aparentes como los ventanales que se vencen hacia los "Cuatro Cantones" para llenar las horas ociosas de los atardeceres fisgando el ir y venir de las gentes por la calle y, sobre todo, con quién paseaba cada cual y "cada cuala" y si, lo hacían en pareja, cómo iban: si aburridos o más animados de la cuenta...

Un día, hacia 1914, se marcharon del Casino comerciantes e industriales porque se fundaba el Círculo Mercantil e Industrial de Palencia; también para liberarse del envaramiento clasista y melindroso que, como el polvo en los locales cerrados, se iba adueñando del Casino. Con altibajos, cual la ciudad misma, se fueron desgranando días y afanes, rutinas y novedades, grandeza y mediocridad, y acabó lastrado por la atonía económica. Hacia 1961 se llegó a plantear el dilema de construir un Casino nuevo o disolver la sociedad. Se abogó por nombrar una comisión que diera con una "solución palentinista", que no era decir mucho... De la atonía económica y de otras asechanzas, aseguran, lo salvó la aparición del bingo...

Muchas pinceladas podrían darse para diseñar la estampa del entorno del Casino en este enclave de los "Cuatro Cantones", desde la ingeniosa máquina de asar castañas instalada al amparo de los breves soportales, hasta los conciertos matinales de la Banda Municipal de Música, sin olvidar el quiosco de prensa de la viuda de Navas, ubicado primero en la esquina y luego entre dos columnas, o el panel de hierro forjado donde se fijaban los bandos municipales, se hacía público el programa de ferias, el personal se enteraba de los que partían para siempre por las esquelas mortuorias y hasta se promulgaban las declaraciones militares recortando los derechos ciudadanos en los estados de excepción... Mediada la guerra civil, se instaló aquí el Hogar del Herido.

 


 
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