Historia del Casino
El Casino de Palencia se constituyó el primer día de marzo de 1862 con 49 socios, pero no en su ubicación actual, sino en la calle de San Juan. Le contamos la historia de nuestro Casino.
El Casino de Palencia fue fundado en el año 1862.
Tras su constitución, el Casino de Palencia fue cedido el inmueble en 12.000 reales y para nueve años. Eufóricos los directivos con el nuevo domicilio en los «Cuatro Cantones», en diciembre ya lo compraron por 460.000 reales, un fortunón, aportando 80.000 más para adquirir la casa contigua. Nacía como círculo de recreo selecto y cultural, frente a otros centros de diversión más plurales y abiertos, incluso gremiales.
Sobre esta imagen, el Casino de Palencia, uno de los edificios civiles más antiguos de la ciudad, hacia el año 1920.
El Casino en la época fundacional.
En su etapa fundacional, el Casino era apolítico. Lo mismo tuvo como presidente a Valentín Calderón, prócer conservador entre los conservadores, que a Cirilo Tejerina, republicano radical, ambos alcaldes de la ciudad de Palencia. El Casino fue «la cantera local» de concejales y de regidores del municipio.
Hacia 1872 ocupa esta sociedad el extenso local donde antes se alzaban las casas consistoriales, en el crucero de la calle Don Sancho con la calle Mayor, formando en los «Cuatro Cantones» el sitio más concurrido de la ciudad. Se compone de un gran salón lujosamente decorado, adornado con 10 grandes espejos, elegantes divanes, butacas y bonitos candelabros; dispone en el testero de una hermosa cocinilla y en lado opuesto del saloncito de juego. En un lateral se encuentra la sala de villar con tres mesas. A la mitad de su anchurosa escalera se ve la puerta de ingreso a la biblioteca que, por sus colecciones de mapas, planos y dibujos, y por los periódicos que en ella se reciben, puede decirse que representa dignamente a la sociedad más ilustrada de Palencia.
Cuenta, en esta época el Casino, con 93 socios de número y 109 mensuales.
En la época fundacional se abrían en sus bajos, por la calle Don Sancho, el «Café Imperial» y en los soportales, «El Suizo», adonde fueron a parar los espejos del Casino cuando, inaugurada la instalación de luz eléctrica, el 8 de diciembre de 1891, se acometió la gran reforma que hizo posible el espléndido salón actual.
Famosas fueron «las reuniones de confianza» y los conciertos, sin olvidar los bailes que en pocas horas se montaban cuando visitaba la ciudad alguna promoción de universitarios en viaje de estudios, de cadetes de la Academia de Caballería de Valladolid o simplemente de alguna tuna estudiantil.
Pocas «atalayas» tan aparentes como los ventanales que se vencen hacia los «Cuatro Cantones» para llenar las horas ociosas de los atardeceres fisgando el ir y venir de las gentes por la calle y, sobre todo, con quién paseaba cada cual y «cada cuala» y si, lo hacían en pareja, cómo iban: si aburridos o más animados de la cuenta…
Un nuevo rumbo en el año 1914.
Un día, hacia 1914, se marcharon del Casino comerciantes e industriales porque se fundaba el Círculo Mercantil e Industrial de Palencia; también para liberarse del envaramiento clasista y melindroso que, como el polvo en los locales cerrados, se iba adueñando del Casino. Con altibajos, cual la ciudad misma, se fueron desgranando días y afanes, rutinas y novedades, grandeza y mediocridad, y acabó lastrado por la atonía económica. Hacia 1961 se llegó a plantear el dilema de construir un Casino nuevo o disolver la sociedad. Se abogó por nombrar una comisión que diera con una «solución palentinista», que no era decir mucho… De la atonía económica y de otras asechanzas, aseguran, lo salvó la aparición del bingo…
Muchas pinceladas podrían darse para diseñar la estampa del entorno del Casino en este enclave de los «Cuatro Cantones», desde la ingeniosa máquina de asar castañas instalada al amparo de los breves soportales, hasta los conciertos matinales de la Banda Municipal de Música, sin olvidar el quiosco de prensa de la viuda de Navas, ubicado primero en la esquina y luego entre dos columnas, o el panel de hierro forjado donde se fijaban los bandos municipales, se hacía público el programa de ferias, el personal se enteraba de los que partían para siempre por las esquelas mortuorias y hasta se promulgaban las declaraciones militares recortando los derechos ciudadanos en los estados de excepción… Mediada la guerra civil, se instaló aquí el Hogar del Herido.
